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Las tres Fraternidades de Port-au-Prince son lugares de acogida para los haitianos. Saint Alexandre, en el centro de la ciudad, es la meta de los enfermos socorridos por Fr. Víctor, chileno, sicólogo y ahora en calidad de médico. La iglesia se ha transformado en un pabellón hospitalario con medicamentos y muchos pacientes. Recoger los niños de la calle es tarea de Fr. Omar, salvadoreño, que ha puesto en el pequeño convento una gran cantidad de tiendas para darles un puesto de dormir, y antes todavía, una casa donde comer. Fr. Columbano continúa sus rondas en el “claustro” de la pobreza, ahora convertida en miseria. Es la zona del mercado, donde muchos venden y viven en el mismo miserable lugar, sin agua y sin luz...
Todos le llaman, y a cada uno da lo que puede con una sonrisa. La Fraternidad de Crois-les-missions es la única dañada de las tres casas. La Iglesia ha perdido la fachada y el convento ha sido notablemente dañado. Los hermanos duermen fuera en tiendas, en la placita entre la casa y la iglesia. Fr. Jean Louis es enfermero y pasa todo el día curando a los enfermos que llenan los pocos espacios seguros. Fr. Dempsey , responsable de la Fundación haitiana y guardián y párroco corre de un sitio a otro para organizar la vida parroquial. Fr. Antonio está también enzarzado en las mil necesidades logísticas. La tercera Fraternidad vive en un lugar llano y el terremoto no la ha tocado. Es una casa segura, aunque los hermanos prefieren dormir al raso, en las pequeñas tiendas rojas. Esta Fraternidad acoge a los 11 jóvenes en formación inicial. En estos días, junto al hermano haitiano Miguel, han estado muy ocupados socorriendo a la gente que padeció el terremoto. Fr. Walter piensa transportar en auto a los unos y a los otros, como ha hecho con nosotros visitadores.
La gente de Haití, fuertes en el sufrir, confía mucho en los hermanos. Y los hermanos quieren mucho al pueblo haitiano, para el cual han organizado paquetes de alimentos que un camión transportará desde Santo Domingo al convento de Lilavois. El dinero, hasta ahora recogido, sirve para las emergencias: alimento y medicinas. Para las reconstrucciones, la providencia pensará a su tiempo.
Fuente: Fraternitas-marzo-2010 pdf
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